CULTURAL 4
* Crónica de inmigrantes
* La Barra de Pan

* ¡QLP! (Ernesto Kahan)

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"El Cafecito de Fuerza Latina"
* El Rey de la Patagonia
En agosto de 1953, la isla fue golpeada por un fuerte terremoto y el barrio judío entero, incluyendo sus dos sinagogas, fue destruido. No mucho después, los restantes 38 judíos se mudaron a Atenas.
En 1978, Yad Vashem honró al Obispo Chrysostomos y al Alcalde Loukas Karrer con el título de “Justos entre las Naciones”.
En marzo de 1982, el restante último judío de Zakynthos, Ermandos Mordos, murió en la isla y fue sepultado en Atenas. De este modo, el círculo de la presencia judía se cerró después de cinco siglos.
En 1992, en el lugar donde estaba la sinagoga sefaradí antes del terremoto, la Junta de Comunidades Judías de Grecia erigió dos monumentos de mármol recordatorios como un tributo al obispo y al alcalde.
Unos pocos días antes de que hubiera planeado dejar la isla y volver a casa, fui a un banco para convertir algunos dólares en euros. Pero aún en un simple lugar como un banco, me arreglé para agregar otra pieza a este rompecabezas judío.
Una empleada que había estado en el teléfono y comiendo un sándwich, me llamó cuando llegó mi turno. Cuando le di mis dólares para cambiarlos, ella me entregó la moneda convertida en un sobre sin pedirme ninguna identificación.
Más tarde, cuando lo abrí, me sorprendió ver tanto dinero.
El dinero que había sido puesto en el sobre no había sido contado correctamente y, en lugar de cambiar $1.000, ¡ella me había dado el equivalente de $10.000!
Realmente, esto no me sorprendió, porque la empleada no me había prestado atención. En última instancia, sin embargo, una vez que el banco se diera cuenta del dinero faltante, no habría habido manera de llegar a mí, dado que no se pidió información de contacto.
A la mañana siguiente, llamé al banco y pedí hablar con el gerente. Quería saber si había algún problema con las cuentas de la noche precedente.
“Usted debe ser la señora con los dólares”, dijo, invitándome inmediatamente a su oficina.
Una hora después, yo estaba en el banco. Cuando entré a la oficina, el hombre sentado frente al gerente se cambió a otra silla y me cedió su asiento.
Compartí mi experiencia bancaria con él, me dijo cuán fácil habría sido para mí desaparecer con el dinero.
El mismo gerente fue profusamente apologético acerca del modo poco profesional en que fui tratada y me agradeció repetidamente por devolver el dinero.
Para expresar su gratitud, me invitó a mí y a mi familia a cenar en un restaurante exclusivo. Le expliqué que comer afuera era muy complicado para nosotros debido al hecho de que éramos judíos observantes.
Me pidió mi dirección para podernos enviar un cajón de vino.
“Eso también es un problema”, le dije.
Le conté que había venido de Israel hacía una semana para vacaciones, pero que había resultado diferente.
“Unos días después que aterricé, me sorprendí al descubrir a la comunidad judía que había aquí hace más de 25 años, dije. “Ustedes no me deben nada. En realidad, ustedes me dieron a mí y a mi pueblo un montón. Lo menos que puedo hacer como judía para demostrar mi aprecio por lo que ustedes han hecho por los judíos de Zakynthos es devolver este dinero que no me pertenece y decir, ¡Gracias!”
Hubo un silencio por lo que pareció ser un largo minuto.
El hombre que me había cedido su asiento cuando entré y no había dicho una palabra durante la conversación, se levantó con lágrimas en sus ojos, se volvió hacia mí y me dijo:
“¡Como el nieto del Alcalde Karrer, estoy extremadamente abrumado y quiero agradecerle!

Traducción del hebreo: José Blumenfeld

* Judíos de Zakynthos
 

* El Muro de Berlín
* Simón Radowitzky
* Deshoras (Julio Cortazar)
* Cortazar, cuentos breves.

Fue el 5 de Agosto de 1942 en Treblinka
68 años del asesinato de JANUSZ KORCZACK

Autores Varios/Alejandro Dubesarsky
En 1942, el 5 de agosto fue asesinado en Treblinka, el médico, escritor, maestro y pedagogo Janusz Korczack (Henrik Goldschmidt). " Korchak trabajaba con doscientos niños. Vino la orden: los 200 niños serian embarcados.  El DIA de la partida se vio avanzar al cortejo de inocentes en el que nadie lloraba. Janusz Korchak, delgado,la cabeza descubierta, encorvado, con el sobretodo rodeado por un cinturón, marchaba a la cabeza, teniendo de la mano al menor de todos los niños.  En seguida detrás de él venían los enfermeros de blusa blanca y luego los niños bien arreglados y peinados.
En derredor los policías alemanes, ucranianos y judíos que, con los revólveres en una mano y el látigo en la otra gritaban, ladraban, golpeaban y tiraban.  Un testigo escribió : ´Las piedras lloran ante la vista de esta procesión ". A Korczak le fue ofrecido un puesto fuera del gueto,  en Varsovia pero lo rehusó repetidas veces pues decía que no podía abandonar a sus niños y que sólo aceptaría la oferta si se le permitía llevarlos consigo. De este modo, el día señalado, los chicos  vestidos con sus mejores ropas y cargando su juguete o libro favorito caminaban sin llorar en procesión junto a Korczak hacia a el punto de embarque, rumbo a los campos de la muerte
Según una leyenda popular, cuando el grupo de niños finalmente llegó al punto de embarque, un oficial de la SS reconoció a Korczak como el autor de uno de los libros favoritos de sus hijos y le ofreció ayuda para escaparse, sin embargo nuevamente rechazó la oferta y abordó el tren con sus niños, tras lo cual nunca más se supo de él”


JANUSZ KORCZAK, EL ALMA JUDÍA Y LA DIGNIDAD HUMANA
Por Marcelo Sneh

            Con estas líneas trataré de referirme a un tema no tan de actualidad, pero sí para… simplemente leer y reflexionar.  Aunque esta nota trata en parte de educación, tema de suma actualidad, está dirigida a recordar a uno de los más grandes educadores y pedagogos del mundo todo, un hombre que generó una verdadera revolución educativa pero que lamentablemente su obra y sus excelentes intenciones en pro de una humanidad mejor fueron reducidas a cenizas y barridas por el viento. Si bien su obra literaria es un ejemplo de pedagogía y didáctica aun aplicables en el día de hoy… quién sabe, si su esquema educativo no sería la solución para poder llegar a las difíciles almas infanto-juveniles…

            Quiero referirme a una de las víctimas más ostensibles de la Shoah (el Holocausto), uno de los tantos símbolos del daño irreparable producido por dicha hecatombe sobre la humanidad entera, alguien para quien la liberación llegó tarde, como para muchos millones de sus hermanos. Y me estoy refiriendo a alguien a quien seguramente la mayoría de ustedes habréis oído nombrar, y que en su lejana juventud o adolescencia habrán disfrutado de alguna de sus maravillosas obras literarias y que por su forma de ser, por su proyecto de vida, por haber sido quien fue y por haber actuado como actuó, además de haber sido médico, educador y pedagogo de los mejores, fue lo que nuestros hombres de campo, en la sabiduría infinita que dan los años y la vida, definirían como un "Santo varón". Me estoy refiriendo al Dr. Janusz Korczak, y esta nota tiene la humilde pretensión de constituirse en un sentido homenaje de quien fue entusiasta lector de su prolífica obra y seguidor incondicional de sus teorías educativas.

            Su verdadero nombre y apellido fue Henryk Goldszmidt, lo que nos puede llegar a indicar que descendía de alguna familia de orfebres judíos (Goldszmidt-Orfebre, joyero). Si bien él jamás mencionó o se refirió a su ascendencia, se sabe que su padre fue un abogado famoso y su abuelo fue médico. A pesar de haber crecido y ser educado en una atmósfera absolutamente asimilada, se sabe (porque de ello sí hizo mención en algún pasaje de sus memorias) que su primera visita a una Sinagoga en Varsovia, durante su tierna infancia, dejó una marca indeleble en su alma. Korczak creía profundamente en la bondad y en la dignidad del ser humano. Es posible que su dedicación al cuidado y educación de niños, tanto judíos como no-judíos, proviniera de un estrato de su alma que le sugería que la hermandad de los pueblos constituye un valor superior en mucho al que divide al género humano en tribus, pueblos razas…

Una acotación: en la Polonia de preguerra, la filiación para obtener la ciudadanía polaca obligaba a mencionar etnia bajo la denominación de "nacionalidad", y una de las "nacionalidades" era la de "judío". Esto, dicho sea de paso, permitió a los nazis, al invadir a Polonia, individualizar sin mucho esfuerzo a los "juden".

Janusz Korczak fue el primero en dirigirse a la sociedad polaca con un ferviente llamado, pidiendo ayuda para los "niños de la calle". ¿Cuál fue el motivo de ese llamado? Difícil saberlo… fue su gran amor por los niños, o su profundo desprecio por una sociedad burguesa y despiadada que se daba el lujo de abandonar a huérfanos o hijos de pobres, o el no poder confiar en las entidades benéficas cuando de niños se trata… Quizás fue su corazón judío… quizá fue su conciencia… vuelvo a mencionar que su atención estaba dirigida tanto a ayudar a niños judíos como no judíos. Carente de trasfondo cultural judaico, salvo esporádicos chispazos como el que mencioné anteriormente, el Dr. Korczak tenía en claro en forma absoluta que un niño es un niño y merece toda la ayuda y toda la asistencia de la sociedad. Y de estos niños se ocupa su primera obra, "Los chicos de la calle". A la enorme y dolorosa brecha social provocada por el dinero en las distintas capas de la sociedad, se refiere Korczak en su obra "El niño del salón", en la que describe con sencilla dureza la vida de aquellos niños que dependían de la terrible "dictadura del dinero". Por supuesto que ambas obras suscitaron acalorados debates, tanto entre círculos judíos como polacos. En 1911, Korczak fue nombrado director de un orfanato judío, reteniendo ese puesto hasta el fin de sus días e impulsando paralelamente la creación de una institución semejante para huérfanos polacos.

El método pedagógico de Korczak se basaba elevación del sentido de la responsabilidad del niño, de darle un status igualitario como al de los adultos en lo que respecta a su derecho a la intimidad y a la independencia como seres humanos. Su lema era "Los niños tienen derecho a su independencia", lo que significaba la negación de ciertos atributos de adultos en la vida íntima del niño. Korczak solía decir que cuando hablamos con los niños "no debemos agacharnos, debemos mantenernos erguidos, bien erguidos, hasta ponernos de puntillas... para no agraviarlos". No debemos olvidar que todas estas refrescantes corrientes de viento pedagógico renovador se verificaron a principios del siglo pasado, época todavía "conservadora" y muy escéptica respecto de corrientes "renovadoras" o "liberales", y más tratándose de educación infantil. Uno de los logros más manifiestos de su teoría fue la escritura, edición y diagramación de un semanario… publicado y hecho totalmente por niños. Korczak se hizo famoso en Polonia, y luego en el mundo entero por lo preclaro de sus teorías pedagógicas. Tan sólo repasar algunos títulos de su vastísimo acervo literario ("Cómo amar a un niño" - "El derecho de ser respetado" - "Si yo volviera a ser niño" (lejos su obra cumbre, en mi humilde opinión) hablan por sí solos de su inmenso amor por los niños, de su inmenso valor como pedagogo.

Y así, podría escribir líneas y más líneas de la inmensamente fecunda y prolífica obra de este simpático doctor varsoviano, de baja estatura y de inmenso corazón, inmensamente erudito, el que con la  ascensión de Hitler al poder sintió su judaísmo ostensiblemente fortalecido, y decidió aceptar un nombramiento en la Agencia Judía como vocero de los Apartidarios. Tanto en 1934 como en 1936 visitó Eretz Israel, pasando breves temporadas en el Kibutz "Ein Jarod", donde se encontró con algunos de sus ex-alumnos, convertidos en "jalutzim", en pioneros del naciente Estado Judío. Esa breve experiencia kibutziana quedó marcada a fuego en la mente del ya veterano educador, y su alma se debatió entre permanecer allí, en Israel, o volver a sus huérfanos. Él, un hombre totalmente asimilado, alguien para quien el judaísmo había sido algo casi ajeno, sintió de pronto el despertar de su estirpe. Pero al reflexionar que quedarse en Israel hubiese sido un egoísta abandono de sus huérfanos, de esos niños de la calle, a los que él, el buen doctor varsoviano, había devuelto la voluntad de vivir dignamente, se sintió en deuda, sintió que su destino era volver. Y volvió. Sabía que su regreso era volver a la boca del lobo, pero también sentía que no le quedaba otra alternativa.

            Poco después de su regreso estalló la guerra: Polonia fue invadida y Korczak, con su compañera de toda su vida, el portero cristiano del orfanato que insistió pasar a vivir al ghetto para no abandonar a los niños y sus huérfanos, quedaron atrapados por la dolorosa frontera del hambre y la muerte, los muros del Ghetto de Varsovia. Pero Korczak estaba allí, en su puesto, junto a sus niños, los ex "niños de la calle" a los que él enseñó a vivir dignamente, como seres humanos y como judíos fieles a su pueblo.

            Después ocurrió lo inevitable. Los nazis se apersonaron una mañana en el orfanato para llevarse a los 200 niños que allí estaban al campo de exterminio de Treblinka, famoso por ser un campo meramente de exterminio, "sin trabajo ni selecciones". El oficial de la SS, después de matar al portero cristiano de un balazo como se mata a un perro rabioso sólo porque al escuchar decir al alemán que podía irse al lado ario insistió en quedarse con los niños, el esbirro SS,  conocedor del Dr. Korczak y su obra, le ofreció la libertad y la vida. Korczak ni siquiera se tomó el trabajo de oírlo. Con uno de los niños más pequeños en brazos y una niña de la mano, seguido por la formación del resto de los niños, y su compañera cerrando la marcha, el doloroso desfile cruzó las calles del Ghetto hasta el Umschlagplatz (Plaza de la Deportación) , donde fueron obligados a subir a un vagón de ganado. Cerradas y precintadas las puertas de los vagones, de uno de ellos se podía escuchar un coro infantil que cantaba "viajamos regocijados…".

            El Dr. Korczak, su compañera y todos esos desventurados niños fueron gaseados, sus cuerpos quemados y sus cenizas barridas por los fieros vientos del Este.

            Desde ese día nefasto pasaron ya sesenta y ocho años. En cada uno de nosotros, descendientes de quienes de alguna manera sobrevivieron a la hecatombe y escaparon a la destrucción de la hoguera, seguirá vivo para siempre en nuestros corazones y en nuestra memoria la imagen de nuestros seres queridos, llevados a la muerte por los mil veces malditos nazis y su maldita memoria. Todos nosotros hemos perdido familiares, abuelos, tíos… Entre todos ellos, por lo menos en el alma de este humilde servidor, reluce la figura del gran pedagogo, humanista y judío de corazón: Janusz Korczak, Zijronó le Brajá.

SOLO LOS SANTOS MUEREN ASI!

IEHÍ ZIJRÓ BARUJ (Bendita sea su Memoria)




 
 
Entrevista con Amnon Weinstein
El detective de violines

Hace 40 años, el lutier Amnon Weinstein recibió en su taller un violín muy especial. Estaba en pésimas condiciones y la persona que se lo llevó le dijo que había pertenecido a un familiar que estuvo en Auschwitz. "Me costó tres meses repararlo y, cuando trabajé en su interior, ví que estaba lleno de ceniza", explica Weinstein con un gesto de amargura. "Supe que no era ceniza de madera".

Pasar tantas horas ante un instrumento que había sido testigo de uno de los episodios más crueles de la humanidad, le supuso tal sufrimiento emocional que se dijo que nunca más volvería a reparar un violín del Holocausto.

Ironías de la vida, y tras algunos años de paréntesis, Weinstein es ahora un auténtico detective de violines conectados con el pueblo judío durante la Alemania nazi. Lleva más de una década buscando, documentando y arreglando instrumentos en su modesto taller de Tel-Aviv, y por sus manos de artesano han pasado ya más de 26.

"Este proyecto me está quitando toda la energía, pero es que es como una obsesión: una vez empiezas ya no puedes parar", reconoce.

Weinstein a veces encuentra los violines en un mercado de segunda mano y otras llega a ellos siguiendo una pista, una mínima mención en un archivo, aunque en la mayoría de ocasiones son familiares de víctimas del Holocausto los que los llevan hasta su taller. Aún así, conocer la historia que hay detrás de cada violín es ya casi imposible, dice el lutier. "Ahora es demasiado tarde. Si los hubiera encontrado hace 40 años, hubiera podido descubrir cada pequeño detalle porque aún había supervivientes", se lamenta.

Dicen que en su taller se combina la técnica del fabricante de instrumentos de cuerda con el arte de hacer milagros, y es que entre aquellas cuatro paredes se esconde el saber de tres generaciones de lutiers: su padre, él y su hijo. Fue justamente su progenitor, Mosche Weinstein, quien empezó a recolectar violines de los años 30 y 40, aunque en su caso pertenecieron a la Orquesta Filarmónica de Israel (la antigua Orquesta de Palestina). Muchos de ellos, abandonaron Alemania y Austria antes de la guerra, y se llevaron consigo los instrumentos fabricados en Alemania. Así, gracias a esta formación musical, se salvaron más de 3.000 judíos del genocidio. Con la caída del III Reich, la mayoría de esos músicos protagonizó un boycot voluntario y rechazaron volver a tocar esos instrumentos. Muchos destruyeron sus violines pero otros los vendieron, y fue así cómo llegaron a las manos del padre de Weinstein. Él todavía los conserva en su taller.
Educar a los más jóvenes

De todos los violines conectados con el Holocausto que ha reparado, 16 están expuestos hasta hoy días en la ciudad alpina de Sion, con motivo del Festival Internacional de Música. En su primera salida fuera de Israel, Weinstein quiso que la exposición incluyera también una parte educativa. Por eso, y durante varios días este verano, el lutier se ha encargado de explicar la historia y la importancia de estos instrumentos a escolares suizos.


"Es difícil expresar cómo me siento cuando estoy delante de estos violines, aunque el primero fue igual de duro que el último", les cuenta este hombre apasionado de 71 años y uno de los lutiers más reconocidos de todo el mundo.

El 24 de septiembre de 2008, Weinstein supo que todos sus esfuerzos emocionales habían valido la pena. 18 violines y un celom restaurados por él, sonaron ante el muro de Jerusalén a las manos de músicos israelíes y turcos.

Estos días, algunos de ellos se han escuchado por primera vez fuera de Israel a las manos de Schlomo Mintz, el director artístico del Festival de Sion y uno de los mayores virtuosos de nuestros tiempos. De hecho, Mintz conoció a Weinstein cuando tenía cuatro años y, desde entonces, han mantenido una estrecha amistad. Este virtuoso del violín está también muy involucrado en los conocidos como 'Violines de la Esperanza'. De hecho, fue él, quien tocó uno de esos instrumentos, con la estrella de David incrustada en su madera, frente a los barracones de Auschwiz-Birkena. "Ese, para mí, fue el signo más poderoso de la victoria contra el nazismo", subraya Weinstein.

"No puedo devolverle la vida a una persona, pero sí que puedo hacer que estos instrumentos vuelvan a sonar -dice-. Ese sonido es la voz de toda aquella gente".

 
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