Mercedes Sosa, el canto que no cesa.
Todas las manos, todas; todas las voces, todas; toda la sangre puede, traer tu voz con el viento.
"Estos premios colgados en las paredes de mi casa no son solamente porque canto, son porque pienso. Pienso en los seres humanos, en la injusticia. Pienso que si yo no hubiera pensado de esta manera, otro hubiera sido mi destino. Hubiera sido una cantora común. Eso me hace pensar que no me equivoqué. Ni me equivoqué cuando comencé a pensar ideológicamente".
Aquella tarde de Octubre de 1950, en el estudio de LV12 de Tucumán, lejos estaría la quinceañera Gladys Osorio, de imaginarse en el primer peldaño de una escalera que la llevaría a convertirse en la expresión secular del siempre postergado, humillado, silenciado, aplastado, pueblo latinoamericano.
La dialéctica natural entre causalidad y casualidad, la sitúan 10 años después, ya con su nombre real, casada con Oscar Matus, guitarrista mendocino, junto a los también mendocinos, Armando Tejada Gómez y Tito Francia. Allí encabezan el movimiento que se dio en llamar "Nuevo Cancionero", como respuesta a una corriente folklórica banal y consumista que había copado el mercado discográfico.
No pocos problemas habrían de traerles su nueva visión sobre el significado y el papel que debía desarrollar la música folklórica dentro de la cultura popular. Las terribles condiciones que afrontaban los pueblos sudamericanos, las masacres ejecutadas durante la conquista contra los pueblos originarios, la explotación salvaje de la América india, su gente y sus recursos, eran denuncias que la pluma de Tejada Gómez convertían en poesías de una intensidad descomunal, a las que Tito Francia aportaba una musicalidad, una armonía, desconocida hasta entonces dentro del género.
A esta nueva concepción, Mercedes Sosa entregó su talento y su vida, se comprometió con los intereses de aquellos que protagonizaban las historias cantadas, las épicas musicalizadas, y allí la conjunción de la potencia y dulzura de su voz, su afinación perfecta, su fraseo "jazzístico", cobraron dimensión universal.
De nada le valió a la reaccionaria comisión del Festival Cosquín 65, ignorarla, censurarla, negarle el acceso al escenario mayor, allí estaba Jorge Cafrune, quien la presentó al gran público para iniciar entonces ese romance sin fin. Ese mismo año grabó junto a Ernesto Sábato y Eduardo Falú el "Romance de Juan Lavalle", lanzándola a los primeros planos de la música argentina, sobre todo con una aceptación masiva dentro de los círculos más intelectualizados, los que habitualmente no conformaban el "público de Cosquín".
Mercedes logró, como pocos, hacer suyas las palabras de autores de todos los tiempos, géneros y nacionalidades, dotándolas de una autenticidad única; en su voz, cada frase es perfectamente legible, comprensible desde la razón y el sentimiento. Jugando con las notas musicales cual si fueran un rompecabezas tridimensional que ella y solo ella puede armar y desarmar a su antojo; de hecho, fue la única cantante que pudo interpretar aquella chacarera "La oncena", que compusiera el "debussyano" pianista Eduardo Lagos, aunque luego le siguieran válidos intentos por parte de Raúl Carnota, y mas tarde, del Dúo Coplanacu.
Pero tal vez la mayor virtud que la Negra supo cultivar y alimentar, fue la de no estancarse en el tiempo ni en el lugar, tendencia profundamente arraigada entre los folkloristas de su generación; con una naturalidad y solidaridad inigualables, integró a su repertorio y su escenario, a jóvenes músicos que a través del rock, la balada, el pop, o cualquier otro género internacional, compartían una misma visión sobre la esencia de la realidad social, la de los desposeídos, los olvidados, los aislados, los discriminados, a quienes dedicaba su mensaje de lucha, de esperanza, de rebelión a veces, de paz en otras. A la luz de la realidad, es seguro que esta actitud de vida le proporcionó enemigos jurados, pero en contrapartida, también el amor incondicional de los más diversos públicos del mundo.
Sin duda alguna, su militancia permanente, ha sido el signo que marcó su vida y por ende su carrera.
Sus contradicciones, como las que naturalmente portamos todos los humanos, fueron utilizadas de manera oportunista por aquellos que pretendían descalificar sus mensajes, conscientes de la influencia que su imagen desplegaba fundamentalmente entre la juventud, con su figura de "gran madre sabia".
Pero a todo consiguió sobreponerse, al exilio, al boicot, a las persecuciones, a su salud cada vez mas quebrantada.
Cada regreso suyo a un escenario se convirtió en una apoteosis de pueblo, justicia y libertad, y esto es lo que quedará en la memoria popular de la humanidad.
La voz de "La Negra" seguirá creciendo, convocando, uniendo, en todo lugar donde haya pueblo combatiendo la injusticia, en todo tiempo que alguien reclame amor, solidaridad, paz, justicia.
Abel Melinger, miembro de Dirección Nacional Movimiento Fuerza Latina en Israel.