INTERNACIONAL 2
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"El Cafecito de Fuerza Latina"
INDICE:
Obama es un sueño?
Musulmanes mudos

Textos secretos de Lula


La Tierra no aguanta mas




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Mercedes Sosa
 
 
Campeón de la cultura, de la educación, del desarrollo social y de la democracia. ¡Qué íbamos a ser campeones de nada! Y menos en esos años, en las décadas de los cincuenta y sesenta, donde el único récord que supimos conseguir fue la del país de Latinoamérica que menos creció en veinte años. Sólo nos superó Haití en ese ranking.
Esos intelectuales ayudaron a demoler aquel Uruguay de la siesta conformista. Con todos sus defectos, preferimos esta etapa, donde estamos más humildes y ubicados en la real estatura que tenemos en el mundo.
Pero tenemos que recuperar aquel inconformismo y tratar de metérselo debajo de la piel al Uruguay entero. Antes les decía que la inteligencia que le sirve a un país es la inteligencia distribuida.
Ahora les digo que el inconformismo que le sirve a un país es el inconformismo distribuido. El que ha invadido la vida de todos los días y nos empuja a preguntarnos si lo que estoy haciendo no se puede hacer mejor. El inconformismo está en la naturaleza misma del trabajo que ustedes hacen. Se precisa que se nos haga a todos una segunda naturaleza. Una cultura del inconformismo es la que no nos deja parar hasta conseguir más kilos por hectárea de trigo o más litros por vaca lechera. Todo, absolutamente todo, se puede hacer hoy un poco mejor que ayer. Desde tender la cama de un hotel a matrizar un circuito integrado. Necesitamos una epidemia de inconformismo. Y eso también es cultural, eso también se irradia desde el centro intelectual de la sociedad a su periferia. Es el inconformismo el que ha ganado el respeto a pequeñas sociedades y a lo que hacen. Ahí andan los suizos, cuatro gatos locos como nosotros, que se dan el lujo de andar por ahí vendiendo calidad suiza o precisión suiza.
Yo diría que lo que de verdad venden es inteligencia e inconformismo suizos, ese que tienen desparramado por toda la sociedad.

LA EDUCACION ES EL CAMINO
Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación. Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar. Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo. Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas. Pero hay que hacerlo. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos. Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento.
Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite. Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia. Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números. Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta. Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa. Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez. O como los que vieron el fuego por primera vez. Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia. Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos los libros del mundo. Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo. Es abrumador. Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente. Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua. Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes. Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena. Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica. Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada. Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública.
Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo. No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines. Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento. Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica. Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación. No hay tarea más grande delante de nosotros.
EL IDEALISMO AL SERVICIO DEL ESTADO
Queridos amigos, estamos en tiempos electorales. En benditos y malditos tiempos electorales. Malditos, porque nos ponen a pelear y a correr carreras entre nosotros. Benditos, porque nos permiten la convivencia civilizada. Y otra vez benditos, porque con todas sus imperfecciones, nos hacen dueños de nuestro destino. Aquí todos aprendimos que es preferible la peor democracia a la mejor dictadura. En los tiempos electorales, todos nos organizamos en grupos, fracciones y partidos, nos rodeamos de técnicos y profesionales, y desfilamos frente al soberano. Hay adrenalina y entusiasmo.
Pero después, alguien gana y alguien pierde. Y eso no debería ser un drama. Con unos o con otros, la democracia uruguaya seguirá su camino e irá encontrando las fórmulas hacia el bienestar. Nos toque el lugar que nos toque, allí vamos a estar tratando de poner el hombro. Y estoy seguro de que ustedes también. La sociedad, el Estado y el Gobierno precisan de sus muchos talentos. Y precisan aún más de su actitud idealista. Los que estamos aquí, nos acercamos a la política para servir, NO para servirnos del Estado.
La buena fe es nuestra única intransigencia. Casi todo lo demás es negociable.

Gracias por acompañarme.
Pepe Mujica a los intelectuales

Murió el periodista Eduardo Kimel, una figura clave en la despenalización del delito de calumnias e injurias

La Justicia lo había condenado en 1991 a un año de prisión en suspenso, por cuestionar la actuación de un juez en la "Masacre de San Patricio". Su caso llegó a la OEA, que ordenó adecuar la legislación. El Congreso convirtió en ley la modificación a finales del año pasado.
Durante casi dos décadas motorizó un reclamo clave para la libertad de prensa. El reconocimiento llegó a tiempo, con la sobria satisfacción que dan las misiones cumplidas. Esta tarde murió el periodista Eduardo Kimel, cuyo caso fue fundamental para la despenalización del delito de calumnias e injurias.
Kimel se desempeñaba como editor responsable en la agencia alemana DPA. Su lucha judicial fue clave para que se convirtiera en ley en noviembre pasado la eliminación de los delitos de injurias y calumnias en casos de interés público, tal como reclamaba un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
De vasta trayectoria profesional, su caso sentó precedente después de que en 1991 fuera condenado a un año de prisión en suspenso y al pago de una indemnización de 20.000 pesos (por entonces igual a dólares) como culpable de "injuria y calumnia" por cuestionar la actuación de un juez en su libro "La masacre de San Patricio".
El libro, publicado en 1989, abordaba el asesinato de tres sacerdotes palotinos y dos seminaristas durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). El texto se tradujo asimismo en un documental titulado "4 de julio: La masacre de San Patricio".
Eduardo Kimel fue ante todo un valiente militante anti fascista, era periodista pero debió trabajar de bancario para subsistir economicamente durante la dictadura militar, fue un investigador incansable y se inmiscuía de prepo donde nadie se animaba, poniendo en conocimiento del pueblo los mas siniestros crimenes que impunemente flotaban en las sombras. Su pluma dejó al intemperie lo que los criminales tapaban con terror y muerte, fue prolijo y detallista y siempre se rodeó de los suyos, los trabajadores.  Fue mi amigo y compañero de trabajo en la Cámara Compensadora del BCRA, el era del P.O. y yo del P.C. pero no fue un impedimento para pelearla desde las bases unidos en la diversidad y en condiciones de riesgo.  Formamos unitariamente la resistencia a la política privatista de Martinez de Hoz, nos enfrentamos contra la burocracia zanolista y supimos movilizar voluntades que exigían la aparición con vida de cientos de nuestros compañeros que caían en el camino, su valentía y claridad era un aporte indispensable en la pelea diaria, compañeros de fierro como Jorge Delfino y Julio Rodriguez complementaban el diario trajín, y tantos otros que desde el anonimato y la clandestinidad permitieron que hoy no sea una utopía el estado de derecho. Compañero y amigo Eduardo Kimel, hasta la victoria siempre.        
Dardo Prusak

 

A cincuenta años de Greensboro
LA IZQUIERDA ESTADOUNIDENSE PIERDE LA MEMORIA

El esplendor de la izquierda estadounidense en los años 60, reflejado en los avances en justicia social, se fue apagando por su dependencia de las organizaciones privadas y su incapacidad para transformar los impulsos militantes en fuerza de gobierno. A un año de la asunción de Obama, el balance revela el olvido de la herencia de Greensboro.
por Alexander Cockburn
Periodista, co-director del bimensual Counter Punch y del sitio internet homónimo (www.counterpunch.org). 
Traducción: Carlos Alberto Zito

La izquierda progresista y radical estadounidense, desangrada por las persecuciones macartistas de la década de 1950, conoció en un principio un renacimiento espectacular. El 1º de febrero de 1960, infringiendo el reglamento interno que estipulaba que los negros debían comer de pie, cuatro estudiantes del liceo agrícola y técnico de Carolina del Norte se sentaron en la cafetería de la tienda Woolworth de Greensboro. Al día siguiente, fueron veinticinco. Dos días más tarde, se sumaron a ellos cuatro estudiantes blancas. Poco después, el movimiento se extendió a quince ciudades de nueve Estados del sur de Estados Unidos. El 25 de julio, luego de haber sufrido pérdidas por 200.000 dólares, la tienda (sucursal de una cadena nacional) renunció oficialmente a su reglamento segregacionista. Esos acontecimientos provocaron un verdadero sismo en el país y marcaron el punto de partida de una profunda reestructuración de la sociedad.
En abril de 1960, con el objetivo de ampliar y estructurar el movimiento, se creó el Comité de Coordinación de los Estudiantes No-violentos (SNCC, en inglés) en la ciudad de Raleigh, a 130 kilómetros de Greensboro. Bob Moses, su primer director de campaña, dijo estar impresionado por “el aspecto sombrío, el enojo y la determinación” de los activistas que contrastaban con la expresión “temerosa y servil” que mostraban las fotos de los manifestantes de los Estados del Sur.
Esa misma primavera se reunió en Ann Arbor, Michigan, la primera conferencia de los Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS, en inglés), que cumpliría un papel clave en la organización de la oposición a la guerra en Vietnam. En mayo, los estudiantes de la Universidad de California, en Berkeley, cruzaron la bahía para reunirse al pie de las escalinatas de la municipalidad de San Francisco y abuchear a la muy macartista Comisión de Investigación de la Cámara de Representantes sobre las actividades “no estadounidenses” (House Committee on Un-American Activities, HUAC). La desproporción de medios empleados por las fuerzas del orden para dispersar a la multitud provocó un vuelco en la opinión pública y puso fin a las persecuciones anti-comunistas.
En cuatro breves años, el movimiento por los derechos cívicos obligó al presidente Lyndon Johnson a firmar un conjunto de leyes que modificaron la Constitución de Estados Unidos y proscribieron la discriminación racial. Desde 1965 las calles de Washington bullían con el ruido de las manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Al finalizar la década, toda la sociedad estadounidense experimentaba un profundo cambio. Una relectura escrupulosa y sin concesiones de la historia del país ponía en tela de juicio el imperio estadounidense y la Doctrina de la Seguridad Nacional: los secretos y las infamias de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) salieron a la luz; se denunciaba el uso de los conocimientos desarrollados en las universidades con fines militares; se sucedían los motines entre los soldados enviados a Vietnam; el abogado Ralph Nader y su asociación Public Citizen cuestionaban la sociedad de consumo. En 1974, el presidente Richard Nixon se vio obligado a renunciar; el movimiento de gays y lesbianas afirmaba su poderío y la izquierda parecía capaz de jugar un papel político central en las postrimerías del siglo XX.

Un cambio tan radical no surgió de la nada. Ya en 1958 se había producido un boicot a las cafeterías de Oklahoma City. Su promotora, Clara Luper, había quedado impactada por el ejemplo de Rosa Parks, célebre por haberse negado a cederle a un hombre blanco el asiento que ocupaba en un autobús, en Montgomery, Alabama en 1955. Ese acto marcó el ingreso del pastor Martin Luther King a la política. Parks y King habían participado en los seminarios de la Highlander Folk School, un instituto creado por cristianos de izquierda cercanos al Partido Comunista. continuacion

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